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THE
ASTOR AFFAIR
por Diego Fischerman
The
Piazzolla heritage seems a storehouse plundered by messy and
unskilled burglars. In the following column, the Pagina/12's
music critic sums up the unadultarated nonsense the records
companies' managers have done, and introduces a 7 cd box
recently released in Argentina. |
La
obra de Piazzolla viene siendo desde hace años terreno fértil para los
pifies de las discográficas: discos distintos con el mismo nombre;
grabaciones iguales con títulos diferentes; datos faltantes o
incorrectos; instrumentos en vivo que no se escuchan. Esta vez, la gaffe
esconde una sorpresa más que grata: la flamante Edición Piazzolla,
recién editada por Warner sin ninguna fanfarria, reúne siete volúmenes
inéditos o desaparecidos del catálogo, con grabaciones en vivo
comprendidas entre 1973 y 1989 de un valor musical extraordinario.
El
quinteto era, desde 1961, su pie en tierra. Cada vez que disolvía
alguna de sus formaciones más experimentales (el noneto, sus grupos
italianos con órgano y bajo eléctrico, su octeto à la jazzrock), volvía
a él. En 1973, Astor Piazzolla acababa de cansarse de uno de los grupos
mejores de su carrera, el Conjunto 9 que habían integrado, junto a él,
Antonio Agri y Hugo Baralis en violines, Néstor Panik en viola, José
Bragato en cello, José Correale en percusión, Kicho Díaz en
contrabajo, Oscar López Ruiz en guitarra y, en piano, primero Osvaldo
Manzi y, más tarde, Osvaldo Tarantino. En poco tiempo se iba a ir a
Italia (el año siguiente editó Libertango y Reunión cumbre, ambos con
músicos europeos y, en el segundo de ellos, con Gerry Mulligan como
coprotagonista) pero, mientras tanto y como para aprovechar la
oportunidad de actuar en una de sus tantas despedidas definitivas de la
Argentina, volvió al quinteto.
Estaban los
mismos de siempre. O casi. Agri y
Kicho Díaz (por supuesto) y Horacio Malvicino (que alternó el puesto
con López Ruiz y, ocasionalmente, con Cacho Tirao, durante años) eran
los previsibles. Pero en el piano quedaba, como resto del noneto,
Tarantino. Fue la única vez que uno de los pianistas más
extraordinarios del tango tocó con el quinteto y fue una formación que
no dejó grabaciones de estudio. Sin embargo, el registro de la actuación
de 1973 en el Teatro Odeón, recién reeditada por Warner como parte de
su Edición Piazzolla (siete volúmenes inéditos o desaparecidos del
catálogo, con grabaciones en vivo comprendidas entre 1973 y 1989)
permite acercarse a una interpretación imprescindible. Y si hiciera
falta una sola prueba, alcanzaría con el minuto y cincuenta y siete
segundos en que Tarantino improvisa sobre el solo que Piazzolla había
escrito cuatro años antes para su pianista de entonces, Dante
Amicarelli, en la introducción de “Adiós Nonino”. No obstante,
este disco, como muchos otros de su carrera, exhibe flagrante la relación
conflictiva que el músico tuvo (y sigue teniendo) con los sellos
discográficos. Discos distintos con el mismo nombre y grabaciones
iguales con títulos diferentes, datos faltantes o incorrectos y, en
este y algunos otros casos de grabaciones en vivo, un instrumento que no
se escucha. El sonidista de Piazzolla –que fue quien proveyó estas
cintas– pasaba por la consola de sonido sólo lo que se amplificaba
con micrófono, es decir, todo menos la guitarra eléctrica, que tenía
su propio amplificador. Y, por lo tanto, en las grabaciones, la guitarra
eléctrica está ausente.
Caos
Algunos empresarios argentinos, ligados a la
industria del espectáculo, se han empeñado en mostrar sin disimulo su
ignorancia e, incluso, en convertirla en dogma. La
incomprensión acerca de qué clase de producto se tiene entre manos y
quiénes podrían ser sus compradores potenciales ha llevado a fracasos
comerciales de gran envergadura. Sin embargo, estos empresarios suelen
ser obcecados y, ante sus derrotas, le echan la culpa a aquello que tenían
que vender. De hecho, nunca lograron que el éxito de Piazzolla (que lo
tenía y lo tiene cada vez más, en todo el mundo) se tradujera en sus
cifras de ventas. De la misma manera en que alguna distribuidora
cinematográfica local podía decidir cambiar el título de la excelente
84 Charing Cross Road por Nunca te vi, siempre te amé, con el
previsible resultado de no conseguir públicos populares pero sí
ahuyentar irremisiblemente a los cinéfilos, las discográficas vienen
insistiendo en titular los discos de Piazzolla Libertango y Adiós
Nonino, entre otras originalidades. Evidentemente
apuestan a los compradores despistados y a los novatos en la materia. Su
desprecio –o su desconocimiento, que es más o menos lo mismo– del
producto los lleva a no poder imaginarse un comprador distinto de ellos
mismos: alguien que, a lo sumo, querría tener algún disco de Piazzolla
y entonces se guiaría por el título de un tema conocido. El fallecido
Envar El Kadri, productor de algunos films de Solanas, fue, en los
comienzos del sello Milán Sur, el motor de la asociación entre esa
marca y Piazzolla (y sus herederos). El primero de una larga serie de
errores de marketing fue titular la edición local de The Lausanne
Concert (en ese momento la única grabación del sexteto de Piazzolla de
1989, con Binelli como segundo bandoneón y Gerardo Gandini en el piano)
como Nuevo tango nuevo. Pero lo peor llegó con esta extraordinaria
colección de inéditos que ni BMG primero (que había comprado el catálogo
de Milán Sur) ni Warner ahora (que a su vez se lo compró a BMG)
lograron poner todavía en su justo valor. Y es que, para el público de
Piazzolla, un título como Adiós Nonino, sumado a la incomprensible
decisión de ilustrar las tapas con reproducciones de cuadros de Tamara
Lempicka (en lugar de fotos de los grupos de Piazzolla en vivo, por
ejemplo), es más un elemento de disuasión que un atractivo. Si la
serie se llamara Inéditos. Piazzolla en vivo, todo sería más claro e,
incluso, mejor para los negocios del sello discográfico. Y los subtítulos
deberían ser, claro, Teatro Odeón, Buenos Aires, 1973 (en lugar de
Muerte del ángel), Teatro Colón, Buenos Aires, 1983 (en lugar de
Concierto de nácar), Palazzo dei Congressi, Lugano, 1983 (y no, por
favor, Adiós Nonino), Teatro Roxy, Mar del Plata, 1984 (créase o no el
título es Libertango), Festival de jazz de Montréal, 1984 (y no Otoño
porteño), Liège, 1985 (en este caso, el título Hommage à Liège,
correspondiente a una de las obras incluidas, no es grave) y Ensayo en
el Club Italiano, Buenos Aires, 1989 (en vez del anónimo Tres minutos
con la realidad). No estarían de más, tampoco, algunas obleítas en la
tapa que indicaran, por ejemplo, “única grabación de Tarantino con
el Quinteto”, “única grabación del sexteto con Julio Pane en
segundo bandoneón”, “Piazzolla y Cacho Tirao, dirigidos por Leo
Brower” o “Incluye la histórica improvisación de Pablo Ziegler en
‘Chin Chin’.” O sea, ni más ni menos que lo que hace cualquier
sello discográfico cuando se encuentra con grabaciones en vivo e inéditas
de Miles Davis, Edith Piaf, Bill Evans, Jimi Hendrix, The Doors, Simon
& Garfunkel o Led Zeppelin.
Viejo caos viejo
La situación no es nueva y aparece desde los
mismos comienzos de la carrera discográfica de Piazzolla: en los discos
que recogen las históricas grabaciones de su orquesta de 1946-47 no hay
dato alguno acerca de los integrantes y en los créditos de su registro
con piano sumado a las cuerdas de la orquesta de la Opera de París, en
1955, figura como pianista Martial Solal y se omite a Lalo Schiffrin,
que toca en casi todas las pistas. Si se piensa que en 1961, para grabar
el primer disco del quinteto con sus temas, la RCA le exigió grabar
otro, con tangos clásicos, se ve con claridad que esa industria jamás
lo entendería demasiado bien. Ese era el sello, por ejemplo, que en ese
mismo momento saludaba alborozado la llegada de la nueva ola y, de la
mano de un tal Mejía, oriundo de México, inventaba el Club del Clan y
destruía, como símbolo de la llegada de la nueva época, todos los
masters con grabaciones de tango (todo lo de Troilo desde 1941, entre
otras cosas). Los discos se llamaban ¿Piazzolla o no?, Bailable y
apiazolado y Piazzolla interpreta a Piazzolla. A la manera de las
novelas de Macedonio, podrían haber sido el último disco malo y el
primer disco bueno pero, por uno de esos errores de la grabadora, los
dos fueron igualmente buenos. Eso
sí, como la empresa sigue cometiendo errores, ninguno de los dos se
consigue en Buenos Aires. En ambos casos es grave. En el primero porque
en esas lecturas de tangos como “Tierrita”, de Bardi, “María”,
de Troilo, “El arranque”, de Julio De Caro o “La casita de mis
viejos”, de Cobián, hay una originalidad y una riqueza únicas. Y
además porque el violinista es Elvino Vardaro. En el segundo caso,
porque incluye la única grabación del quinteto de “Nonino” y la
primera de “Adiós Nonino” –mucho más marcada y tanguera que la
del registro de ocho años después, para Trova, que es la que se hizo máspopular–
y porque en la edición en CD, realizada por Rafael Abud –una de las
excepciones dentro de la industria discográfica–, se incluían como
bonus tracks los dos dúos grabados por Piazzolla y Aníbal Troilo en
1970, “Volver” y “El motivo”.
Entre los desatinos llegó a haber uno genial.
El sello Sony (dueño de los catálogos Epic y Columbia entre otros),
para poder tener su propio Adiós Nonino a pesar de que Piazzolla nunca
había registrado ese tema para ellos, con el fin de justificar el título
en una de las innumerables antologías publicadas, incluyó en un disco
de Piazzolla llamado Adiós Nonino la versión de “Adiós Nonino” de
la orquesta de Leopoldo Federico. El mismo sello editó finalmente un CD
doble llamado Todo Piazzolla. Pero como no podía ser de otra manera, no
estaba todo. Faltaba “Réquiem para un malandra” (un texto de Diana
Piazzolla, recitado por Alfredo Alcón), sólo incluido en Tango
Contemporáneo. Astor Piazzolla y su Nuevo Octeto (registrado
originalmente en 1963). ¿Era una cuestión de espacio? Seguramente no:
allí estaba, como siempre, “Adiós Nonino” por Federico y, por si
eso fuera poco, la misma orquesta haciendo “Decarísimo” y “Tango
del ángel”.
Son varios los
sellos que tienen, todavía, material inédito de Piazzolla en sus catálogos.
Universal jamás reeditó una grabación (originalmente en Polydor) del
quinteto de Piazzolla en vivo en el Philharmonic Hall de Nueva York, en
1965. El sello Carosello –cuya licencia local alguna vez tuvieron
Trova e Interdisc– había publicado la única grabación –en vivo en
el Olympia de París– del grupo eléctrico de 1977, con Tommy Gubitsch
(que había sido guitarrista de Spinetta), Gustavo Beytelman (en piano
eléctrico), Ricardo Sanz (bajo eléctrico), Luis Cerávolo (percusión),
Osvaldo Caló (órgano eléctrico), Daniel Piazzolla (sintetizador) y
Luis Ferreyra (flauta y saxo). En 1975, Ney Matogrosso grabó, con
arreglos y dirección musical de Piazzolla (aunque el dato no estaba
consignado), “As ilhas” (“Las islas”), con texto de Geraldo
Eraldo Carneiro, el mismo poeta con el que trabajaba en esa época
Egberto Gismonti, y “1964”, sobre un poema de Jorge Luis Borges.
Esos registros no existen en CD, como tampoco el exquisito disco que
Georges Moustaki realizó con orquestaciones de Piazzolla en 1982 para
Polydor, incluyendo dos temas compuestos por ambos: “Hacer esta canción”
y “La memoria”. Había dos canciones de Moustaki, “La llaman
victoria” y “Amante del sol y la música” y una mancha de tuco: la
espantosa adaptación de “El cóndor pasa” con letra de Moustaki,
llamada “Tenemos tiempo”. Entre lo valioso que alguna vez estuvo en
CD y hoy es inconseguible se encuentra la banda de sonido de Enrico IV,
en la que figura uno de los temas más bellos de Piazzolla, “Oblivion”,
en versión para trombón y orquesta, guitarra sola y con oboe solista
(una de las ediciones en CD se llamaba Film music y había sido editada
por Milán Sur).
Control
Más allá de los problemas con los títulos
y con algunos errores y faltas de unidad de criterio en la información,
la nueva serie de grabaciones en vivo es magnífica. El detalle de la
inaudibilidad de la guitarra (en el concierto de 1973 y en el ensayo del
Club Italiano) es un vicio de origen, insalvable en la edición, y, de
todas maneras, el valor musical de ambos registros justifica con creces
la publicación. En el primer caso, además de las virtudes de la
interpretación y del interés de los solos de Tarantino, el repertorio
incluye “Milonga del ángel” –un tema que Piazzolla ya había
grabado en el concierto del Philharmonic Hall de Nueva York, en 1965,
pero que no registró en estudio hasta 1986 en Tango: Zero Hour–,
“Los Poseídos” y “Retrato de Milton” (que antes se había
llamado “Retrato de mí mismo” y luego se convertiría en
“Luna”). La segunda grabación,
en orden cronológico, recoge una actuación de Piazzolla en el Colón,
el 11 de junio de 1983, con una nueva formación ad hoc del noneto.
Baralis en segundo violín, Bragato en cello, López Ruiz enguitarra y
el propio Piazzolla eran los que quedaban del original; los nuevos eran
Fernando Suárez Paz en primer violín, Pablo Ziegler en piano, Enrique
Roizner en batería y Delmar Quarleri en viola. Junto a ellos aparece la
Filarmónica de Buenos Aires, dirigida por Pedro Ignacio Calderón. El
repertorio incluye el Concierto de Nácar para nueve tanguistas y
orquesta, el Concierto para bandoneón, piano, cuerdas y percusión y
los temas “Buenos Aires hora cero”, “Vardarito”, “Fuga y
misterio” y “Verano porteño” (por el noneto solo). En esta edición
de Warner aparecen corregidos algunos errores en los tracks que estaban
en la anterior, de Milán Sur/BMG, y cabe señalar que este disco es básicamente
el mismo que todavía se encuentra en algunas disquerías porteñas,
editado por el Teatro Colón en sociedad con La Batuta (Astor Piazzolla
en el Teatro Colón). Las diferencias son un sonido mucho mejor en la
edición Warner (tomada desde la consola y no con los anticuados micrófonos
del Colón) y, en cada caso, un tema que no está en la otra edición.
En la del Colón está la versión sinfónica de “Adiós Nonino” –olvidable–
y falta “Buenos Aires hora cero” por el noneto –no olvidable–.
La actuación del quinteto en Lugano (Adiós Nonino), incluyendo temas más
nuevos, como “Escualo” y “Biyuya” y clásicos de Piazzolla como
“Fracanapa” y “Decarísimo” –más el tema del título,
obviamente–, es una de las más sólidas de un grupo que, en vivo,
sonaba con un ajuste y una expresividad increíbles. Las mismas virtudes
aparecen en Libertango (como diría Cortázar en sus “Instrucciones
para subir una escalera”, no confundir con Libertango). Era una época
en que, en enero y febrero, el mundo (el mundo conocido en Buenos Aires)
se mudaba a Mar del Plata. Muchas veces, en esos dos meses, se recaudaba
lo que no se había juntado en todo el año. Y entonces Piazzolla hizo
su pequeña campaña del verano de 1984 en el Teatro Roxy. La grabación,
que abarca un álbum de dos CD, es genial, empezando por la versión de
“Tristezas de un Doble A” de casi 16 minutos, en la que Piazzolla
hace una larguísima –y brillante– introducción, solo con su
instrumento. Allí se escucha, también, uno de los mejores solos de
Ziegler, en una improvisación cercana al jazz (sobre un inusual vamp de
la guitarra) en “Chin Chin”. En Otoño porteño, grabado en julio de
ese mismo año en el Festival de Jazz de Montréal, en el mismo tema
Ziegler hace otro solo completamente diferente e igualmente bueno.
Incidentalmente, “Chin Chin”, esta vez, dura casi dos minutos menos.
El repertorio es casi idéntico, aunque en este disco están “Adiós
Nonino” y “Otoño porteño”.
En Hommage à Liège, grabado en el Festival
Internacional de Guitarra de esa ciudad belga, se incluye el concierto
que Piazzolla bautizó con ese nombre, para bandoneón, guitarra y
orquesta (con el autor y Cacho Tirao como solistas, junto a la Orquesta
Filarmónica de Liège, dirigida por el cubano Leo Brower) y el estreno
de Historia del tango, cuatro piezas breves para flauta y guitarra
tocadas en esa ocasión por Marc Grawels en flauta y, en guitarra, Guy
Lukowski, director del Festival. El último disco de la serie es Tres
minutos con la realidad, el registro de un ensayo general con público
del nuevo sexteto de Piazzolla, en abril de 1989. Aquí la formación
incluye a Pane en segundo bandoneón –más adelante reemplazado por
Binelli–, Bragato en cello –luego reemplazado por Carlos Nozzi–,
Gandini en piano, Malvicino en guitarra y Console en contrabajo (después
el contrabajista del sexteto fue Angel Ridolfi). A pesar de algunos
desajustes y desafinaciones ocasionales, el valor musical es notable,
sobre todo teniendo en cuenta que son muy pocas las grabaciones con el
sexteto (Piazzolla no editó en vida ningún disco con este grupo) y que
éste es el único registro con esta formación. Si bien Warner no lo
incluye en la misma serie, también reeditó el formidable The Lausanne
Concert, la última actuación grabada del grupo, el 4 de noviembre de
ese mismo año. El
nivel de las interpretaciones y el ajuste del grupo son fantásticos y
algunas apariciones de Gandini, como la de “Buenos Aires hora cero”
y “Tres minutos con la realidad” (que figura con el nombre
incorrecto de “Camorra II”), son imperdibles. Los otros errores de
la edición son los títulos “Reality” (por “Sex-Tet”) y
“Operación Tango” (por “Luna”).
Diego
Fischerman
© Pagina/12, october 2003
COVER
VERSIONE ITALIANA
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