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ARTE
EN COLABORACIÓN
by Alejandro Dolina
Another
Chronicle of the Grey Angel, this time about the art in
partecipation, which the traditional Tango pair, with its four
legs and one body, is the fullest example of. On the other hand,
isn't it true that every art is collaboration, as John
Millington Synge and many others used to claim? Let's see what
the great Dolina thinks on the matter. |
La
literatura romàntica postula la proximidad y aun la identidad entre el
artista y su obra. De este modo, los poemas, las novelas y los cuentos
son tambièn el escritor, o al menos un mapa secreto de su alma.
Es inevitable simpatizar con esta idea, que parece establecer el
requisito de sinceridad en cuestiones estèticas. Y es verdad que muchos
artistas dejan, como un pelo en el peine, como una silla caliente, señales
de su presencia viva. Sin embargo estos rastros no son siempre
voluntarios. Màs aùn: es preferible que no lo sean. Las
confidencias desmesuradas son chocantes tanto en el arte como en las
confiterìas.
En
este mismo punto hacemos flamear la primera cuestiòn de esta monografìa :
si el hecho artìstico es personal e intrasferible, como explicar la
existencia de obras en colaboraciòn ?
Borges
afirma que se trata de un prodigio inverso al de Jeckyll y Mr.Hyde: dos
se convierten en uno. El resultado artistico expresa una tercera
identidad.
No sin pudor, me atreverè a agregar un dato demasiado modesto: el arte
no es solamente expresiòn sino tambièn creaciòn. A veces – por
fortuna – el escritor inventa. Y
aunque sus invenciones tambièn sean mapas secretos, puede ocurrir que
el artista no se revele o incluso que se oculte. Quevedo, Lope o
Cervantes no se manifestaban en sus criaturas. Y se Flaubert decìa ser
Madame Bovary, es casi seguro que Carroll no era Alicia y Salgari no era
Sandokan.
El lector saciado de teorias vulgares ya irà sospechando èsta: la
literatura en colaboraciòn sòlo es posible en distritos tales como la
novela de aventuras o el relato humorìstico. La novela psicològica o
la poesia amorosa no podrìan tolerarla.
Lejos
de todas estas consideraciones, un grupo de literatos perezosos lleguò
a constituir en el barrio de Flores el célebre Comité de Colaboraciòn
Artìstica. Al principio sus funciones se limitaban a socorrer a
narradores empantanados que acudìan en busca de rimas, adjectivos o
desenlaces. Màs tarde, entusiasmados por ciertas ocurrencias
afortunadas, llegaron a dictaminar que la creaciòn solitaria es
imposible.
-
Aun el màs personal de los escritores se vale de aportes ajenos –
sostenìan
Los
conocimientos previos, el lenguaje, los recuerdos y las influencias
literarias son – si bien se mira – formas concretas de colaboraciòn.
El ùltimo colaborador, tal vez
decisivo, es el lector.
Tan ingeniosos criterios encontraron la respuesta de los defensores de
la creaciòn individual. En ese sentido, vale la pena consultar el libro
Imposibilidad del arte compartido o El buey solo
bien se lame, escrito por los profesores Luis J. Schwarz y
Amedeo Juliani. Màs allà de las discusiones de cenàculo, lo cierto es
que el Comité impulsò el nacimiento de numerosas obras. Y uno de sus
componentes alcanzò formidable notoriedad. Hablamos
de Rodolfo Arrùa.
El orden alfabético lo hacìa aparecer a la cabeza de todos los grupos
que integraba. No le hizo asco a ningùn género: partecipò en la
redacciòn de novelas, ensayos, poesias, obras teatrales y de divulgaciòn
cientìfica. Intervino en la traducciòn de Tierras vìrgenes
de Turguéniev, superando su absoluto desconocimiento del idioma ruso.
Arrùa fue el colaborador perfecto. Su ductilidad le permitiò siempre
someterse al estilo de sus compañeros: si trabajaba junto a Jorge Allen,
los versos parecìan escritos de punta a punta por dicho poeta. Si se
dejaba ayudar por Silvina Ocampo, la prosa presentaba el aspecto de
haber sido construida solamente por ella.
Este mimetismo colosal impide saber còmo escribìa realmente Arrùa.
Consecuente con sus principios, jamàs intentò una obra en soledad. Tal
vez para mitigar los efectos de su demasiada humildad, el hombre ejercìa
una virtud provechosa: con el mayor desparpajo daba por suyas las ideas
ajenas. Esta hospitalidad
de su firma le ocasionaba frecuentes disgustos. Después de sus cuarenta
años apenas leìa, para evitar el encuentro con frutos de su talento,
mordisqueados por hàbiles usurpadores, que a veces – por puro
disimulo – le habìan precedido en centurias.
Manuel
Mandeb decìa haber presenciado algunas reuniones creativas de Arrùa y
sus ayudantes. El polìgrafo de Flores destacaba la puntualidad de sus
mates, la calurosa aprobaciòn que brindaba a toda sugerencia y una
cierta propensiòn a quedarse dormido ante la mìnima demora de las
musas.
Rodolfo Arrùa no se contentò con
la literatura. Se entreverò con mùsicos, pintores y escultores. Llegò
a formar una orquesta de tangos – que llevaba su nombre – cuyo
desempeño fiscalizaba desde una mesa cercana.
Gracias a toda esta enorme
actividad, conquistò premios y honores que nunca rechazò. Sus enemigos
le enrostraban un desmedido afàn de figuraciòn y la costumbre a
postergar a sus compañeros de tareas. La acusaciòn no es del
todo justa. Cuando en tiempos dificiles se publicò el libro Un
gobierno desagradable, Arrùa tuvo la decencia de admitir su
nula partecipaciòn en la obra, delante mismo del comisario de policia.
Su colaborador màs asiduo fue el polemista César Rulli. Desde el éxito
impresionante de Aramos, dijo el mosquito, màs de treinta
obras llevaron la firma de estos dos creadores.
La posteridad adivina celos en Rulli. Un episodio històrico lo confirma:
después de muchos años de labores conjuntas, César Rulli publicò en
forma solitaria un volumen de cuentos. Un critico le señalò que en esa
obra se notaba la ausencia de Arrùa.
- En la otras tambièn – fue la resentida respuesta.
El Comité de Colaboraciòn Artìstica mantuvo una actividad perpetua.
Para evitar elecciones enojosas, se estableciò un sistema de
colaboraciones por sorteo. Los
resultados fueron demenciales. Poner en yunta a espiritus
contrapuestos conduce casi siempre al disparate.
El poeta lunfardo Alonso de la Cueva y el severo clasicista Fatiga
Sustaita completaron el extenso poema Ninfas y Malandras. Transcribimos
algunos versos para ilustrar la yuxtaposiciòn de estilos:
Nemesis,
vengadora, acude presto
con un nombre secreto entre los labios.
Olvido no ha borrado los agravios.
La diosa encuentra un taita bien dispuesto,
que un poco rechiflao por el escabio,
va a buscar a la mina y le da el pesto.
Algunos
relatos construìdos con estos mismos criterios padecìan defectos
perturbadores. El uso alternado de la primera y segunda personas solìa
denunciar penosamente el cambio de pluma. Los personaje cambiaban
bruscamente de caràcter, segùn eran atendidos por uno u otro artista.
En ocasiones, un mismo pasaje era relatado dos veces. Y no faltaban
expresiones superfluas, como “Tiene razòn” o “Como dice acà el
amigo”. Algunas obras llegaron a contar quince o veinte autores, cuyos
caprichos sumados oscurecìan los textos hasta volverlos incomprensibles.
Varias novelas presentaban capitulos firmados en disidencia o finales
diferentes en despacho por minoria.
Los intelectuales freudianos suelen proceder al allanamiento de las
obras artisticas para buscar huellas de las neurosis del creador, cuando
no de sus costumbres ìntimas.
Còmo reaccionaràn estos personajes detectivescos ante una novela
escrita en colaboraciòn?
Qué clase de manias seràn
capaces de descubrir? A cuàl de los autores habrìan de atribuirselas ?
Procederàn a un reparto equitativo ? Vislumbraràn
enfermizos maridajes? Dictaminaràn esquizofrenia? No es facil saberlo. Los
métodos y razonamientos de estas gentes son màs arbitrarios que las
locuras de nuestro obtuso Comité.
Respecto de este asunto, Manuel Mandeb se mostraba desafiante :
“…
Conozco los procedimientos de la indagaciòn psicològica. Adivino
todas sus metàforas, puedo prever sus mòdicas interpretaciones. Me rìo
de sus listas de simbolos.
Escribo ahora este capìtulo. Adivinen
quièn soy. Puedo escribir ahora mismo otro diferente. Soy
capaz de sembrar falsas señales. Soy capaz de ocultar las verdaderas. Puedo
crear un arte distinto de éste y hasta puedo ser un hombre distinto del
que soy. Mi alma es un secreto inviolable, incluso para mi. Muy
brujo tendrà que ser el que me la saque al sol. Vamos… atrévanse,
interpreten mis textos y descubran mis fantasias eròticas. Aire,
aire… No hay nada tan absurdo como la supersticiòn de un racionalista. »
Respecto
de la colaboraciòn artìstica, el pensador de Flores reconociò algunas
formas poco frecuentes de ejercerla :
« …
Los àngeles y los demonios suelen partecipar en la creaciòn de poesìas,
novelas y valsecitos. Yo
mismo he compuesto un estilo con la ayuda de un cierto duende nocturno,
de rima sonora, pero un poco sentencioso, eso sì. El resto de las
personas tambièn intervienen en nuestro arte. Nos
inspiran personajes, aventuras y conductas interesantes.
Tambièn hacen su aporte los fenòmenos climàticos que suelen dejar en
nuestro ànimo fatigas, euforias, melancolìas, temblores y espantos que
ciertamente influyen en las obras, aunque nadie sepa de qué modo. Una
concreta colaboradora: la censura. La eliminaciòn de ciertas partes de
un trabajo lo convierte en algo diferente. A decir verdad, toda
colaboraciòn convencional entre dos artistas amigos no es sino un
continuo juego de mutuas censuras. El ùltimo
ejemplo y el mejor: la payada a media letra. Al
final de sus actuaciones, los payadores no improvisan décimas
personales, sino que van construyendo una entre los dos. Los versos de
uno preparan los del otro y éstos son preparaciòn de los siguientes.
Ayudar el compañero es ayudarse a uno mismo ; la piedra que le
pongamos en su camino nos caerà encima en forma de montaña. »
Curiosamente,
Manuel Mandeb nunca se acercò al Comité de Colaboraciòn Artìstica. Tal
vez tenìa miedo de las sanguijuelas que a veces se ocultaban allì. O
comprendìa que jamàs iba a encontrar a nadie capaz de suscribir,
siquiera por mitades, sus tenebrosos pensamientos.
El Comité desapareciò, como casi todas las entidades de los tiempos
dorados. Rodolfo Arrùa abandonò el arte y puso una pizzeria,
junto a un socio ingenuo.
Los artistas siguieron
ayudàndose a pesar de los profesores adversos. Y este
procedimiento, rarìsimo en la antiguedad, es hoy la forma màs
corriente de producir arte. Pero aquì, en la ùltima esquina de esta
nota, pienso con horror en esos numerosos equipos de investigadores,
periodistas, redactores, fotògrafos, correctores, confidentes y
batilanas que partecipan de la producciòn de los novelones de Harold
Robbins o Arthur Hailey y me pregunto si esto serà el arte.
Yo que he tenido la ocasiòn de ser admitido como asistente por algunos
artistas, me permitirè unas modestias recomandaciones.
La primera es eligir un
par. No es honesto aprovechar el talento o el prestigio de
alguien mejor que uno. Y también es penoso detenerse cada tres pasos
para esperar a un insolvente.
La segunda es también la ùltima: es conveniente, antes de escribir con
alguien, practicar la amistad, compartir aventuras y desaventuras
durante algunos años, cultivar el afecto y la compasiòn, generar el
respeto y la comprensiòn tolerante. Después, recién entonces, uno
podrà decir que està listo para empezar la obra.
Pero la obra ya estarà terminada.
©
Alejandro Dolina
Ediciones
Colihue - Buenos Aires, 1987
COVER
VERSIONE
ITALIANA
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