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No siempre hubo parejas: las
hay desde hace un par de siglos, y una danza, el vals, fue
su primer testimonio. Otra danza, el tango, resultó ser el
primer testimonio de que, en la pareja, “el encuentro con
el otro es casi imposible”. “El tango es la crítica
de la pareja”, sostiene el investigador
francés Remi Hess. La pareja, lejos de haber existido siempre, tuvo una
aparición en la vida pública que es posible fechar históricamente:
según Hess, se vincula con la Revolución Industrial y puede correlacionarse
con la evolución de las danzas en Europa, en particular el nacimiento
del vals. El vals “presentó a la pareja como algo universal, de
carácter positivo y digno de gran entusiasmo”, pero esa mirada se
revirtió a finales del siglo XIX y principios del XX, en un movimiento
en el cual, según Hess, se conjugan la aparición del psicoanálisis
y la del tango. Esta danza se desarrolla cuando cae “la visión optimista
de la pareja”; en el tango, “cada bailarín tiene su historia única
que hace casi imposible el encuentro con otro”.
¿Qué relación
hay entre el vals y la pareja tal como hoy la conocemos?
La pareja no
existía antes del vals, y es una forma social que surge casi al
mismo tiempo que el sujeto individual. Michel Foucault habló del
surgimiento del sujeto, pero creo que el trabajo acerca del nacimiento
de la pareja está por
hacerse: hubo un proceso por el cual la pareja se desprendió del
grupo en el baile: antes las danzas eran todas grupales; grupos de hombres
y grupos
de mujeres, y si bien de tanto en tanto se producía un intercambio,
los momentos en que estaban juntos hombres y mujeres eran muy pocos. Finalmente,
el baile es una metáfora de la vida social. Cuando la pareja se
desprendió del
grupo, reivindicó una existencia autónoma, cosa que sucedió en
la época de la Revolución Industrial, cuando la llegada masiva
de los campesinos a las ciudades hizo surgir un nuevo urbanismo, en el
que se le dio un nuevo lugar a la pareja. En el campo la gente vivía
en una sola habitación, mientras que la cultura urbana permitió la
emergencia de habitaciones separadas. Antes de la Revolución Francesa
no se vivía
en pareja; incluso los ricos tenían habitaciones separadas.
¿Cuándo
comenzó este proceso
de aparición de la pareja en el baile?
Primero hubo borradores,
intentonas del vals. Ya en 1500, con la volta, hubo un intento de hacer
aparecer la pareja en el baile. Duró un siglo, pero la sociedad
no estaba lista para aceptar a la pareja, aun cuando algunas personas clarividentes,
como Elizabeth
I de Inglaterra o Lutero, apoyaron el baile en pareja. Sin embargo, rápidamente
el protestantismo se mostró hostil a la pareja, al igual que la
Iglesia Católica y que todas la fuerzas políticas de la época.
La Inquisición llegó a quemar mujeres por bailar en pareja;
se decía
que, cuando un hombre y una mujer bailaban, el diablo estaba en el medio.
Había
una lucha social para tratar de que la pareja pudiera establecerse en la
vida pública.
La pareja tiene entonces fecha de nacimiento...
Cuando
uno pasea por París o por Buenos Aires, se tiene la impresión
de que la pareja ha existido desde siempre, pero si quiere ver lo que era
Europa
en la Edad Media, es mejor pasear por Arabia Saudita. Es un combate que
sigue a escala mundial. En Buenos Aires, el vals llegó en 1806;
en esa época
ya se bailaba en forma bastante libre en Europa, pero las fuerzas dominantes
en el Río de la Plata estaban contra este baile, que era visto como
casi pornográfico. Hubo que esperar un siglo para que, con la aparición
del tango y su legitimación por la burguesía europea, los
argentinos pudieran tener un baile en pareja sin persecución.
¿Cuál
es el lugar del tango en la historia del baile en pareja?
El
vals había
presentado a la pareja como algo universal, de carácter positivo
y digno de gran entusiasmo. El tango es la crítica de la pareja,
como algo muy difícil de construir y casi imposible de alcanzar.
Las letras de los valses son siempre universales: “Amar, beber y
cantar...”, “Cuán
bella es nuestra Alsacia...” o “Viena, ciudad eterna...”.
En oposición a esto, el tango describe la subjetividad: “Mi
mujer me abandonó...”, o “Estoy solo...”. Finalmente
el tango surge en la misma época en que apareció el psicoanálisis,
cuando la visión optimista de la pareja dejaba paso a una pesimista.
El tango trata estos aspectos negativos, aun cuando la pareja siga siendo
un ideal.
Este movimiento es muy interesante, y no se dio sólo en la Argentina:
en 1905 aparece el blues en Estados Unidos, y en Europa la musette, que
habla de la imposibilidad de ser feliz. Pero el tango llegó mucho
más
lejos en la riqueza de esa literatura, porque la importancia de la inmigración
europea en la Argentina trazó una especie de borrador de lo que
el mundo iba a vivir más tarde: a lo largo del siglo XX hubo movimientos
migratorios muy fuertes, y la Argentina dio una orientación sobre
los sentimientos que se podían vivir en ese contexto.
¿Sirve
el tango como espacio que facilite el vínculo de pareja?
El tango no es lo mismo hoy que en 1910. En aquella época sí era
una ocasión de
encuentro de un hombre con una mujer. Hoy lo que prima es el trabajo de
a dos en función de construir un hecho estético. Los jóvenes
bailan el tango como el baile clásico o contemporáneo, pues
para ser un buen bailarín se necesitan de diez a quince años
de trabajo. Se parece un poco a tocar el piano: al cabo de seis meses se
puede lograr algo pero
no mucho. Y en el tango hay un problema que es encontrar una pareja que
esté más
o menos al mismo nivel que uno. Cada bailarín tiene su historia única
que hace casi imposible el encuentro con otro. Y en las milongas, en la
mirada de los hombres que están buscando con quién bailar
yo veo un terror ante la mirada de la mujer, que puede negarse, dar vuelta
la cabeza; hay un recuestionamiento
de su ser profundo. El hombre argentino impulsa fuerte la metáfora
de la virilidad, y uno se pregunta si es sólo una metáfora.
La mujer, por su parte, juega su liberación. Muchas mujeres han
ido al psicoanalista, y bailan el tango. Hay entonces una confrontación
entre una tribu viril y otra en búsqueda de la liberación
y la superación.
Si
el encuentro con el otro es tan difícil, ¿por qué se
baila tango?
Es un misterio, habría que explicarlo como un
hecho casi religioso. Mi madre era una católica ferviente, iba a
misa todos los domingos, y cuando volvía de comulgar tenía
una mirada iluminada que se parece mucho a la de las mujeres de la milonga.
Mi madre volvía de comulgar con
los ojos cerrados, y esto lo vemos hoy en Buenos Aires, donde hay parejas
que cierran sus ojos y logran bailar juntos. Hay un punto de trance, un
aspecto sagrado,
muy religioso.
¿Esto se da en un encuentro con el otro o
es algo más bien individual?
Es un encuentro con la
trinidad: está el
hombre, está la mujer y está el que mira. Todo bailarín
está en su individualidad, en su encuentro con el otro, y pendiente
de la mirada de un tercero. Este es el valor del tango: la multidimensionalidad
de la experiencia. En lo individual, hay que tener un equilibrio personal.
Pero
se baila de a dos, entonces hay que estar con el otro. Y esa pareja tiene
que estar en el grupo y respetar las normas de la institución. Pero
lo que se vincula más fuertemente con la experiencia religiosa es
el milagro de que, viviendo al mismo tiempo y en el mismo lugar, los bailarines
están
en temporalidades diferentes. El hombre, puesto que guía, está obligado
a pensar en el futuro. La mujer está en el presente absoluto. Y
el que mira ve la figura terminada, es decir que está en el pasado.
El hombre, la mujer y el tercero están en tres temporalidades diferentes.
Esto es lo que hace que, en el tango, se suspenda el tiempo. El tiempo
está detenido,
hecho estático, y cuando uno participa de ese misterio, cuando uno
tiene a una mujer en sus brazos, se tiene la impresión de estar
frente a un milagro. Se hace como una experiencia de la eternidad.
¿Hay
algo similar a esta experiencia en otras danzas modernas?
La única
danza que encuentro parecida es la capoeira: en ella no hay contacto corporal,
están
frente a frente, pero pienso que tiene mucho que ver con el tango a nivel
de la dramatización, de la tensión muscular. Los demás
bailes están muy lejos del tango porque no tienen improvisación,
todo está muy organizado, muy coreografiado. Algunos bailes aceptan
algún
tipo de improvisación, pero son muy pocos: por ejemplo, la zamba
argentina; es un baile de seducción, popular, que en mi opinión
aportó algo
a la genealogía del tango. Pero la mayoría de los bailes
populares son coreográficos. El tango representa una subversión
total respecto de las normas impuestas.
© Alejandro Lipcovich
Pagina/12, 2002
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