TQR 12: december 9, 2006

 

El arte de la impostura

por Alejandro Dolina

According to Franco Fortini, the advantage of being older is to know the record. Who has been acquainted to tango for a few years, that's to say the majority, only knows the Buenos Aires of the so-called tango-business and can't imagine how sweet, hospitable and sincere our milieu was before the big sale had started. Alejandro Dolina wrote the following lines, in which he seems to foresee the rickety circus that would have been put on shortly after, right in the passage to democracy, when tango was still made of passion, happiness and popular poetry.

 


El hombre de nuestros dìas vive tratando de causar buena impresiòn. Su principal desvelo es la aprobaciòn ajena. Para lograrla existen diferentes métodos y estrategias.
Algunos ejercen la inteligencia, otros se deciden por la tenacidad o la belleza, otros cultivan la santidad o el coraje.
Sin embargo, por ser todas estas virtudes muy difìciles de cumplir, ciertos pìcaros se limitan a fingirlas.
Por cierto que tampoco esto es sencillo: el engaño es una disciplina que exige atenciones y cuidados permanentes.
Por suerte para los hipòcritas y simuladores, existe desde hace mucho tiempo el Servicio de Ayuda al Impostor.

Basàndose en modernos criterios cientificos, los especialistas de la organizaciòn instruyen, aconsejan, dictan clases, resuelvan casos particulares y difunden las técnicas màs refinadas para obtener aparencias provechosas.
Cuando algùn zaparrastroso quiere presumir de elegante, el Servicio le recomienda sastres, lociones y corbatas.
Si se trata de aparentar cultura, el cliente tiene a su disposiciòn frases hechas, aforismos brillantes y gestos de suficiencia.
Los que pretenden pasar por guapos son adiestrados en el arte del aplomo y la compadrada.
Muchos pobres practican para fingirse ricos y muchos ricos se esfuerzan para aparecer indigentes.
Hay que decir que algunos postulantes son muy adoquines y no alcanzan a completar los cursos. Otros tienen caracteristicas tan marcadas que resulta imposible disimularlas.
Durante muchos años, los hipòcritas aplazados debieron resignarse a mostrar crudamente sus verdaderas y abominables condiciones, o bien a ser descubiertos es sus fraudes torpes. Pero con el tiempo, el Servicio encontrò una fòrmula dràstica para socorrer a los menos favorecidos. Asì naciò el reemplazo liso y llano como recurso extremo.
Imaginemos a un morocho tratando infructuosamente de ingresar a un selecto club nocturno. El hombre fracasa con las tinturas y el maquillaque.
Inmediatamente el Servicio designa a un rubio cabal en su reemplazo. El impostor entra sin problemas a la milonga y en nombre del morocho rechazado baila y se divierte toda la noche.
Los ejemplos son innumerables: estudiantes mediocres que se hacen reemplazar en los exàmenes; enamorados tìmidos que - como Cyrano de Bergerac - mandan en su lugar a un picaflor; empleados capaces que para lograr un ascenso envìan a un chupamedias y personas hartas de su familia que se hacen sustituir en los cumpleaños.
El Servicio de Ayuda al Impostor ha ido perfeccionando la tecnologìa del reemplazo con disfraces impecables. Se sospecha que hoy en dìa, la mayorìa de las personas que uno trata son en realidad agentes de la organizaciòn. Nuestros amigos, nuestras novias, nuestros gobernantes y nuestros cuñados pueden haber sido reemplazados por impostores profesionales. Tal vez yo mismo estoy fingiendo escribir estas minucias a nombre y beneficio de un cliente llamado Dolina. Tal vez usted, que finge leerme, esté reemplazando a alguien que no se atreve a confesar que los mitos de Flores lo tienen harto.

Los gobiernos, lo mismo que las personas particulares, viven preocupados por la opiniòn de los de afuera. Continuamente sugieren a la poblaciòn la necesidad de mejorar lo que se llama imagen exterior.
Para lograrlo se promueve la difusiòn de nuestros aspectos màs brillantes. Cuando nos visitan los extranjeros, se les muestran nuestros rincones màs presentables, se les hace comer una empanada y se les obliga a escuchar a la orquesta de Osvaldo Pugliese.
La exaltaciòn de nuestros méritos va casi siempre acompañada de un cuidadoso disimulo de nuestros defectos. Ademàs, en tren de aparentar y a falta de extranjeros, se suele hacer bandera ante los propios criollos.
Con toda insistencia se señala que los médicos argentinos son los mejores del mundo, para no mencionar a los enfermos. Si se produce algùn desperfecto en una transimiòn internacional, los locutores se apresuran a aclarar que el jarabe se ha originado en el satélite alemàn, con lo cual quedamos todos tranquilos.
La actitud temerosa del juicio ajeno es proverbial en el periodismo. Hace poco una cronista aprovechò su paso por Roma para consultar a los transeùntes italianos acerca de nuestra nueva situaciòn institucional. Los televidentes recibieron varias reflexiones, expresadas en cocoliche que, en general, nos perdonaban la vida. Al final de la encuesta, la cronista no podìa ocultar su satisfacciòn. Habìamos pasado la difìcil prueba de agradar a los heladeros de Via Margutta.
No estarìa mal recurrir al Servicio de Ayuda al Impostor para perfeccionar nuestras representaciones antes los extraños.
La solvencia de la organizaciòn nos permitirìa aparentar cualquier cosa: que tenemos 100 milliones de habitantes, que somos pròsperos, que somos poderosos. Se podìan editar censos adulterados y mapas fraudolentos que nos muestren en el doble de nuestra extensiòn.
Manuel Mandeb recomendò alguna vez la conveniencia de fingirnos el Japòn, para desconcertar a nuestros enemigos. El pensador de Flores proponìa que todos nos estiràramos los ojos con los dedos y hablàramos pronunciando las erres como eles.
Aquì se nos viene encima una duda: ¿no serà que otros paìses ya nos estàn engañando? La mentada potencia norteamericana puede ser nada màs que una ficciòn creada por los impostores del norte. A lo mejor, Suecia es un paìs tropical, pero lo disimula. Quizà la Uniòn Soviética es una pequeña repùblica del Africa y Luxemburgo es en verdad el mayor paìs en el mundo.
En todo caso, antes de encarar cualquier acciòn para mejorar nuestra imagen externa, es indispensable decidir cual es la sensaciòn que se quiere dejar. Si dispersamos nuestros esfuerzos en simulaciones diferentes e inconexas, los resultados habràn de ser màs bien confusos. Digasenos de una vez qué fingiremos ser: ¿Una naciòn apacible? ¿Una naciòn encrespada? ¿Una naciòn limpia? ¿Una naciòn angloparlante?
Los tratadistas reconocen tres tipos de impostura: horizontal, ascendente y descendente. La ùltima consiste en mostrarse peor de lo que se es. Y no faltan economistas que postulan este camino para despertar la conmiseraciòn internacional.

Los teòricos màs barrocos del Servicio creen que la impostura es un arte. Y màs aùn: afirman que todo arte es impostura. Cien gramos de pintura al aceite se nos aparecen como un rostro misterioso o como un paisaje lunar. Quinientos kilos de bronce pretenden ser el cuerpo de Hércules. Una curiosa combinaciòn de tintas y papeles es presentada como el alma de un hombre atormentado.
Solamente la mùsica està libre de simulaciones. Un acorde en mi menor es precisamente eso y no pretende ser nada màs.
Los teòricos también han defendido el caracter ético de la impostura ascendente. El argumento principal no es muy novedoso: de tanto aparentar bondad, uno acaba por ser bueno.
Faltan en esta monografìa datos concretos que permitan al lector la contrataciòn del Servicio.
Lamentablemente no es posible ofrecercelos.
Para empezar, nadie sabe cuàl es la ubicaciòn de la entidad. A veces, el local asume el aspecto de un almacén. Otras veces se aparece como un copetìn al paso o como una estaciòn de ferrocarril. Los impostores son siempre consecuentes con sus representaciones y por màs que uno les plantee sus necesidades, insisten en vender garbanzos, servir una ginebra o despachar un boleto de ida y vuelta a Caseros.
Es cierto que a menudo aparecen impostores ofreciendo sus servicios. Pero la organizaciòn ya ha advertido al pùblico que se trata en realidad de falsos impostores que deben ser denunciados a la policia.

Vaya a saber cuàntos ridìculos firuletes habremos hechos los criollos para agradar a los polacos y coreanos.
¿ Estaremos bien? ¿No seremos una naciòn fuera de lugar? ¿Qué pensaràn de nosotros estos visitantes holandeses? ¿Le ha gustado nuestra autopista, señor Smith? ¡Cuidado, disimulen que ahì viene un francés! ¿No estaremos desentonando en el concierto internacional?
Yo creo que tal vez no importa desentonar en un concierto que parece dirigido por Mandinga.
Vale la pena intentar el camino difìcil, el màs penoso, el màs largo, pero también el màs seguro. Es el camino de la verdad. El que quiera parecer honrado, que lo sea. El que quiera fama de valiente, que se la gane a punta de guapeza.
Y si queremos que el mundo piense que somos una gran naciòn, sepamos que lo màs convincente es ser de veras una gran naciòn.
Mientras llegan esos tiempos, podrìamos empezar a fingir que no fingimos.

© Alejandro Dolina
Crònicas del angel gris - 1986

 

 

 

 

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