
El arte de la impostura
por Alejandro Dolina
According to Franco Fortini, the advantage of being older
is to know the record. Who has been acquainted to tango for
a few years, that's to say the majority, only knows the Buenos
Aires of the so-called tango-business and can't imagine how
sweet, hospitable and sincere our milieu was before the big
sale had started. Alejandro Dolina wrote the following lines,
in which he seems to foresee the rickety circus that would
have been put on shortly after, right in the passage to democracy,
when tango was still made of passion, happiness and popular
poetry.
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El hombre de nuestros dìas vive tratando
de causar buena impresiòn. Su principal desvelo es la
aprobaciòn ajena. Para lograrla existen diferentes métodos
y estrategias.
Algunos ejercen la inteligencia, otros se deciden por la tenacidad
o la belleza, otros cultivan la santidad o el coraje.
Sin embargo, por ser todas estas virtudes muy difìciles
de cumplir, ciertos pìcaros se limitan a fingirlas.
Por cierto que tampoco esto es sencillo: el engaño es
una disciplina que exige atenciones y cuidados permanentes.
Por suerte para los hipòcritas y simuladores, existe
desde hace mucho tiempo el Servicio de Ayuda al Impostor.
Basàndose en modernos criterios cientificos, los especialistas
de la organizaciòn instruyen, aconsejan, dictan clases,
resuelvan casos particulares y difunden las técnicas màs
refinadas para obtener aparencias provechosas.
Cuando algùn zaparrastroso quiere presumir de elegante,
el Servicio le recomienda sastres, lociones y corbatas.
Si se trata de aparentar cultura, el cliente tiene a su disposiciòn
frases hechas, aforismos brillantes y gestos de suficiencia.
Los que pretenden pasar por guapos son adiestrados en el arte
del aplomo y la compadrada.
Muchos pobres practican para fingirse ricos y muchos ricos se
esfuerzan para aparecer indigentes.
Hay que decir que algunos postulantes son muy adoquines y no
alcanzan a completar los cursos. Otros tienen caracteristicas
tan marcadas que resulta imposible disimularlas.
Durante muchos años, los hipòcritas aplazados debieron
resignarse a mostrar crudamente sus verdaderas y abominables
condiciones, o bien a ser descubiertos es sus fraudes torpes.
Pero con el tiempo, el Servicio encontrò una fòrmula
dràstica para socorrer a los menos favorecidos. Asì naciò el
reemplazo liso y llano como recurso extremo.
Imaginemos a un morocho tratando infructuosamente de ingresar
a un selecto club nocturno. El hombre fracasa con las tinturas
y el maquillaque.
Inmediatamente el Servicio designa a un rubio cabal en su reemplazo.
El impostor entra sin problemas a la milonga y en nombre del
morocho rechazado baila y se divierte toda la noche.
Los ejemplos son innumerables: estudiantes mediocres que se
hacen reemplazar en los exàmenes; enamorados tìmidos
que - como Cyrano de Bergerac - mandan en su lugar a un picaflor;
empleados capaces que para lograr un ascenso envìan a
un chupamedias y personas hartas de su familia que se hacen sustituir
en los cumpleaños.
El Servicio de Ayuda al Impostor ha ido perfeccionando la tecnologìa
del reemplazo con disfraces impecables. Se sospecha que hoy en
dìa, la mayorìa de las personas que uno trata son
en realidad agentes de la organizaciòn. Nuestros amigos,
nuestras novias, nuestros gobernantes y nuestros cuñados
pueden haber sido reemplazados por impostores profesionales.
Tal vez yo mismo estoy fingiendo escribir estas minucias a nombre
y beneficio de un cliente llamado Dolina. Tal vez usted, que
finge leerme, esté reemplazando a alguien que no se
atreve a confesar que los mitos de Flores lo tienen harto.
Los gobiernos, lo mismo que las personas particulares, viven
preocupados por la opiniòn de los de afuera. Continuamente
sugieren a la poblaciòn la necesidad de mejorar lo que
se llama imagen exterior.
Para lograrlo se promueve la difusiòn de nuestros aspectos
màs brillantes. Cuando nos visitan los extranjeros, se
les muestran nuestros rincones màs presentables, se
les hace comer una empanada y se les obliga a escuchar a la
orquesta
de Osvaldo Pugliese.
La exaltaciòn de nuestros méritos va casi siempre
acompañada de un cuidadoso disimulo de nuestros defectos.
Ademàs, en tren de aparentar y a falta de extranjeros,
se suele hacer bandera ante los propios criollos.
Con toda insistencia se señala que los médicos
argentinos son los mejores del mundo, para no mencionar a los
enfermos. Si se produce algùn desperfecto en una transimiòn
internacional, los locutores se apresuran a aclarar que el jarabe
se ha originado en el satélite alemàn, con lo
cual quedamos todos tranquilos.
La actitud temerosa del juicio ajeno es proverbial en el periodismo.
Hace poco una cronista aprovechò su paso por Roma para
consultar a los transeùntes italianos acerca de nuestra
nueva situaciòn institucional. Los televidentes recibieron
varias reflexiones, expresadas en cocoliche que, en general,
nos perdonaban la vida. Al final de la encuesta, la cronista
no podìa ocultar su satisfacciòn. Habìamos
pasado la difìcil prueba de agradar a los heladeros
de Via Margutta.
No estarìa mal recurrir al Servicio de Ayuda al Impostor
para perfeccionar nuestras representaciones antes los extraños.
La solvencia de la organizaciòn nos permitirìa
aparentar cualquier cosa: que tenemos 100 milliones de habitantes,
que somos pròsperos, que somos poderosos. Se podìan
editar censos adulterados y mapas fraudolentos que nos muestren
en el doble de nuestra extensiòn.
Manuel Mandeb recomendò alguna vez la conveniencia de
fingirnos el Japòn, para desconcertar a nuestros enemigos.
El pensador de Flores proponìa que todos nos estiràramos
los ojos con los dedos y hablàramos pronunciando las
erres como eles.
Aquì se nos viene encima una duda: ¿no serà que
otros paìses ya nos estàn engañando? La
mentada potencia norteamericana puede ser nada màs que
una ficciòn creada por los impostores del norte. A lo
mejor, Suecia es un paìs tropical, pero lo disimula. Quizà la
Uniòn Soviética es una pequeña repùblica
del Africa y Luxemburgo es en verdad el mayor paìs en
el mundo.
En todo caso, antes de encarar cualquier acciòn para mejorar
nuestra imagen externa, es indispensable decidir cual es la sensaciòn
que se quiere dejar. Si dispersamos nuestros esfuerzos en simulaciones
diferentes e inconexas, los resultados habràn de ser màs
bien confusos. Digasenos de una vez qué fingiremos ser: ¿Una
naciòn apacible? ¿Una naciòn encrespada? ¿Una
naciòn limpia? ¿Una naciòn angloparlante?
Los tratadistas reconocen tres tipos de impostura: horizontal,
ascendente y descendente. La ùltima consiste en mostrarse
peor de lo que se es. Y no faltan economistas que postulan este
camino para despertar la conmiseraciòn internacional.
Los teòricos màs barrocos del Servicio creen que
la impostura es un arte. Y màs aùn: afirman que
todo arte es impostura. Cien gramos de pintura al aceite se nos
aparecen como un rostro misterioso o como un paisaje lunar. Quinientos
kilos de bronce pretenden ser el cuerpo de Hércules.
Una curiosa combinaciòn de tintas y papeles es presentada
como el alma de un hombre atormentado.
Solamente la mùsica està libre de simulaciones.
Un acorde en mi menor es precisamente eso y no pretende ser nada
màs.
Los teòricos también han defendido el caracter ético
de la impostura ascendente. El argumento principal no es muy
novedoso: de tanto aparentar bondad, uno acaba por ser bueno.
Faltan en esta monografìa datos concretos que permitan
al lector la contrataciòn del Servicio.
Lamentablemente no es posible ofrecercelos.
Para empezar, nadie sabe cuàl es la ubicaciòn de
la entidad. A veces, el local asume el aspecto de un almacén.
Otras veces se aparece como un copetìn al paso o como
una estaciòn de ferrocarril. Los impostores son siempre
consecuentes con sus representaciones y por màs que
uno les plantee sus necesidades, insisten en vender garbanzos,
servir
una ginebra o despachar un boleto de ida y vuelta a Caseros.
Es cierto que a menudo aparecen impostores ofreciendo sus servicios.
Pero la organizaciòn ya ha advertido al pùblico
que se trata en realidad de falsos impostores que deben ser
denunciados a la policia.
Vaya a saber cuàntos ridìculos firuletes habremos
hechos los criollos para agradar a los polacos y coreanos.
¿
Estaremos bien? ¿No seremos una naciòn fuera de
lugar? ¿Qué pensaràn de nosotros estos visitantes
holandeses? ¿Le ha gustado nuestra autopista, señor
Smith? ¡Cuidado, disimulen que ahì viene un francés! ¿No
estaremos desentonando en el concierto internacional?
Yo creo que tal vez no importa desentonar en un concierto que
parece dirigido por Mandinga.
Vale la pena intentar el camino difìcil, el màs
penoso, el màs largo, pero también el màs
seguro. Es el camino de la verdad. El que quiera parecer honrado,
que lo sea. El que quiera fama de valiente, que se la gane
a punta de guapeza.
Y si queremos que el mundo piense que somos una gran naciòn,
sepamos que lo màs convincente es ser de veras una gran
naciòn.
Mientras llegan esos tiempos, podrìamos empezar a fingir
que no fingimos.
© Alejandro Dolina
Crònicas del angel gris - 1986
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