TQR 12: december 9, 2006

 

Arte nuevo de pronunciar conferencias

por Julio Cortazar

Since the Muses hardly come to see the ill-intentioned people, we thought to look in on the porteño Parnassus ourselves. The first Muse we bump into in our climb is the one who most made us argentines known in the world: the Oral Muse. Everybody aknowledge that we consider the glibness one of the Fine Arts. In the following essay, Julio Cortazar applies to Honduras our showy way of beating about the bush and, in the same time, he pillories a methodology that keeps on grinding the razors while it ain't got nothing to cut anymore.

 


- Señoras, señoritas, etc. Es para mì un honor, etc. En este recinto ilustrado por, etc. Séame permitido en este momento, etc. No puedo entrar en materia sin que, etc.
Quisiera, ante todo, precisar con la mayor exactitud posible el sentido y el alcance de tema. Algo de temerario hay en toda referencia al porvenir cuando la mera nociòn del presente se presenta como incierta y fluctuante, cuando el continuo espacio-tiempo en el que somos los fenòmenos de un instante que se vuelve a la nada en el acto mismo de concebirlo es màs una hipòtesis de trabajo que una certidumbre corroborable. Pero sin caer en un regresionalismo que vuelve dudosas las màs elementales operaciones del espìritu, esforcémonos por admitir la realidad de un presente e incluso de una historia que nos sitùa colectivamente con las suficientes garantìas como para proyectar sus elementos estables y sobre todo sus factores dinàmicos con miras a una visiòn del porvenir de Honduras en el concierto de las democracias latinoamericanas.
En el inmenso escenario continental (gesto de la mano abarcando toda la sala) un pequeño paìs como Honduras (gesto de la mano abarcando la superficie de la mesa) representa tan sòlo una de las teselas multicolores que componen el gran mosaico. Ese fragmento (palpando con màs atenciòn la mesa y miràndola con la expresiòn del que vé una cosa por primera vez) es extrañamente concreto y evasivo en el mismo tiempo, como todas las expresiones de la materia. ¿Qué es esto que toco? Madera, desde luego, y en su conjunto un objeto voluminoso que se sitùa entre ustedes y yo, algo que de alguna madera nos separa con su seco y maldito tajo de caoba. ¡Una mesa! ¿Pero qué es esto? Se siente claramente que aquì abajo, entre estas cuatro patas, hay una zona hostil y aun màs insidiosa que las partes sòlidas; un paralelepìpedo de aire, como un acuario de transparentes medusas que conspiran contra nosotros, mientras que aquì encima (pasa la mano como para convencerse) todo sigue plano y resbaloso y absolutamente espìa japonés. ¿Còmo nos entenderemos separados por tantos obstàculos? Si esa señora semidormida que se parece extraordinariamente a un topo indigestado quisiera meterse debajo de la mesa y explicarnos el resultado de sus exploraciones, quizà podrìamos anular la barrera que me obliga a dirigirme a ustedes como si me estuviera alejando del muelle de Southampton a bordo del Queen Mary, navìo en el que siempre tuve la esperanza de viajar, y con un pañuelo empapado en làgrimas y lavanda Yardley agitara el ùnico mensaje todavìa posible hacia las plateas lùgubremente amontonadas en el muelle. Hiato aborrecible entre todos, ¿por qué la comisiòn directiva ha interpuesto aquì esta mesa semejante a un obsceno cachalote? Es inùtil, señor,que se ofrezca a retirarla, porque un problema no resuelto vuelve por la vìa del incosciente como tan bien lo ha demostrado Marie Bonaparte en su anàlisis del caso de Madame Lefèvre, asesina de su nuera a bordo de un automòvil. Agradezco su buena voluntad y sus mùsculos proclives a la acciòn, pero me parece imprescindible que nos adentremos en la naturaleza de este dromedario indescriptible, y no veo otra soluciòn que la de abocarnos cuerpo a cuerpo, ustedes de su lado y yo del mìo, a esta censura lìgnea que retuerce lentamente su abominable cenotafio. ¡Fuera, objeto oscurantista! No se va, es evidente. ¡Un acha, un acha! No se asusta en lo màs mìnimo, tiene el agitato aire de inmovilidad de las peores maquinaciones del negativismo que se inserta solapado en las fàbricas de la imaginaciòn para no dejarla remontar sin un lastre de mortalidad hacia las nubes, que serìan su verdadera patria si la gravedad, esa mesa omnìmoda y ubicua, no pesara tanto en los chalecos de todos ustedes, en la hebilla de mi cinturòn y hasta en las pestañas de esa preciosura que desde la quinta fila no ha hecho otra cosa que suplicarme silenciosamente que la introduzca sin tardar en Honduras. Advierto signos de impaciencia, los ujieres estàn furiosos, habrà renuncias en la comisiòn directiva, preveo desde ahora una disminuciòn del presupuesto para actos culturales; entramos en la entropìa, la palabra es como una golondrina cayendo en una sopera de tapioca, ya nadie sabe lo que pasa y eso es precisamente lo que pretende esta mesa hija de puta, quedarse sola en una sala vacìa mientras todos lloramos o nos deshacemos a puñetazos en las escaleras de salida. ¿Iràs a triunfar, basilisco repugnante? Que nadie finja ignorar esta presencia que tiñe de irrealidad toda comunicaciòn, toda semàntica. Mìrenla clavada entre nosotros, entre nosotros a cada lado de esta horrenda muralla con el aire que reina en un asilo de idiotas cuando un director progresista pretende dar a conocer la mùsica de Stockhausen. Ah, nos creìamos libres, en alguna parte la presidenta del ateneo tenìa preparado un ramo de rosas que me hubiera entregado la hija menor del secretario mientras ustedes restablecìan con aplausos fragorosos la congelada circulaciòn de sus traseros. Pero nada de eso pasarà por culpa de esta concreciòn abominable que ignoràbamos, que veìamos al entrar como algo tan obvio hasta que un roce ocasional de mi mano la revelò bruscamente es su agresiva hostildad agazapada. ¿Còmo pudimos imaginar una libertad inexistente, sentarnos aquì cuando nada era concebible, nada era posible si antes no nos libràbamos de esta mesa? ¡Molécula viscosa de un gigantesco enigma, aglutinante testigo de las peores servidumbres! La sola idea de Honduras suena como un globo reventado en el apogeo de una fiesta infantil ¿Quién puede ya concebir a Honduras, es que esa palabra tiene algùn sentido mientras estamos a cada lado de este rìo de fuego negro? ¡Y yo iba a pronunciar una conferencia! ¡Y ustedes se disponìan a escucharla! No, es demasiado, tengamos almeno el valor de despertar o por lo menos de admitir que queremos despertar y que lo ùnico que puede salvarnos es el casi insoportable valor de pasar la mano sobre esta indiferente obscenidad geométrica, mientras decimos todos juntos: Mide un metro veinte de ancho y dos cuarenta de largo màs o menos, es de roble macizo, o de caoba, o de pino barnizado. ¿Pero acabaremos alguna vez, sabremos lo que es esto? No lo creo, serà inùtil. Aquì, por ejemplo, algo que parece un nudo de la madera... ¿Usted cree, señora, que es un nudo de la madera? Y aquì, lo que llamàbamos pata, ¿qué significa esta precipitaciòn en àngulo recto, este vòmito fosilizado hacia el piso? Y el piso, esa seguridad de nuestros pasos, ¿qué esconde debajo del parqué lustrado?

(En general la conferencia termina - la terminan - mucho antes, y la mesa se queda sola en la sala vacìa. Nadie, claro la verà levantar una pata como hacen siempre las mesas cuando se quedan solas.)

© Julio Cortazar
Un tal Lucas - 1979

 

 

 

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