Autobiografìa no se sabe de quién
o
autobiografìa de un desconocido hasta el punto de no
saberse si es él*
Si es cierto lo que repetidamente los
diarios de Moròn,
sobresaltados de noticias, informan a todos los que en el
mundo se duermen por saberlo, que el conocido bailarìn oral
Banzo Lopez o Chicho Rodriguez o a lo mejor Mastronzo o Buzardo,
inconfundible notoriedad
de
la danza contemporànea cuya celebridad crece dìa
a dìa y no tardarà, pues todavìa no
se sabe lo conocido que es, en llegar al publico, serìa el ùnico
que tuvo el recato, la exquisitez nueva y ùltima
sensibilidad de no ser sabido, aun en los instantes de su
mayor popularidad, que él aprovechò para ocultarse,
como lo harà ahora en esta autobiografìa, en
la que se ha refugiado para conservarse incògnito.
Popularidad que ha quedado también sin saberse, y
que marca y descubre a tantos de quienes lo que se celebraba
era ignorarlos.
Y tan personal, hasta el extremo de no encontràrsele
un parecido de detalle con ningùn otro. Hecho el catàlogo
de personas de las cuales nada se sabe, y que no pasan de
ocho o diez, no se encuentra en la lista una que se asemeje
ni siquiera
en el “aire de desconocido”, que tanto dice y
hace reconocerlo.
Debo al lector la explicaciòn de
còmo llegué a
la instauraciòn del género de la “autobiografìa
escrita por otro”. Por ejemplo, advertì que
hay, ademàs para que nadie quede sin publicidad, el
modelo de biografìa sacada en instantànea,
por cualquier persona con quien tengamos un accidente injusto
en la calle.
Por poco competente en improperios que ella sea, harà en
dos minutos la nòmina de nuestros defectos, reconociéndolos
paladinamente uno tras otro, y al mismo tiempo que nos invitarà desentonadamente
a sostituirlos por las virtudes que a ella le adornan, harà cuanto
estarà en sus manos, y otras extremidades, para que
el de los dos que necesita botica seamos nosotros. ¿Qué escritor
puede en estilo tan de acto primo, tan sincero y acertador
en sus pàginas, biografiar como ese hombre en un momento
de tanta actividad y vehemencia y en que le es tan urgente
pintarnos de cuerpo entero, al mismo tiempo que nos lo aporrea?
En una
incidencia de éstas es donde el màs modesto
de nosotros tiene la alegrìa de saber cuànto
se le conoce, en una ciudad donde creìa vivir ignorado.
En fin, muchos libros aparecen con un retrato en la tapa; ¿esto
indica que son los que tienen autor?; yo creìa que las
autobiografìas eran los libros con autor y que uno mismo
debe hacerlos por ser el mejor informado de la propia persona,
y son, por tanto, obras en que el autor es desde el principio
al fin quien las escribe y esto para hablar solo de sì mismo,
dos circumstancias poco atrayentes y sociales. Quien habla exclusivamente
y siempre de sì mismo hace la inmodestia de las autobiografìas;
este aspecto poco atrayente es salvado totalmente en mi autobiografìa
mediante el recurso de haberla hecho otra persona.
Esta es la explicaciòn que os debìa.
Aunque
no afirmarìamos que falte quien ignore mejor a
este autobiografiado (y si lo supiéramos le rendirìamos
la pluma como el màs autorizado), firmamos la presente
autobiografìa en razòn de que ignoràndose
tanto de él toda persona puede ser su autobiografiado
y tener la honrada inseguridad de, casualmente, no serlo;
no podemos decir que seamos los màs informados en
ignorarlo y por ello los llamados a cuidar la conservaciòn
de la ignorancia acerca de él, difundiéndola
en libros y alusiones.
Entre las frases sabias que de él ignoramos que haya dicho,
y lo ignoramos de su propia boca confidencial, recordemos “que
la parte que no se sabe de un hombre es lo que lo hace conocido”,
y también que “la popularidad y la autobiografìa
o la confesiòn biogràfica son las dos oportunidades
màs logradas de ocultarse, al par de la fiel fotografìa”.
También ignoramos que soliò decir que las biografìas,
autobiografìas y entrevistas a hombres célebres
son los novelones màximos y que deben manejarse al
revés,
como a los tercos vanidosos, mandàndoles que hagan
lo que no deseamos que hagan: todo lo que afirma de sì el
autobiografiado es lo que no fue y quiso ser.
Procediendo asì se saldrà siempre bien informado
tras la lectura de memorias, confesiones, testamentos, diarios ìntimos,
vidas y declaraciones de grandes hombres entrevistados. Asì,
todas estas labores, o digamos: una autobiografìa hàbilmente
consumad, os hace al propio tiempo desconocido y célebre.
En verdad los autobiografados quedan, pues, como los ùnicos
desconocidos auténticos. Hoy la publicidad se ha hecho
tan esencial a todo, que la mera pasividad no nos gana concepto
de desconocido; hay que tomarse las fadigas de una autobiografìa.
Bajo estas normas, algùn dìa podré decir:
Realicé la autobiografìa del màs experto
y comprobado, y de mejor acabado, desconocido, de tan gran temperamento
para no sabido que permitiò crear a su respecto el ùnico
caso de ignorancia absoluta cientìfica digamos, acerca
de alguien, y de tan varia y abundosa naturaleza que nunca fué posible
concluir de ignorarlo, por abultado que fuera el acùmulo
hecho de noticias faltantes de él.
Su gloria no se supo, y fue, en fin, el hombre que nadie
lo supo, aunque tampoco sabemos si lo sabemos o lo ignoramos;
quizàs
ya es demaiado saber acerca de él, pues su sigularidad
de indescubierto era tal que ni aun equivocaciones se podìan
mantener a su respecto acertadamente.
(Mi elecciòn fue intencional, y previo recuento total
en el mundo de no haber conocimiento alguno de él, interrogando
a todas las personas de bastante edad, aptitudes y difusiòn
para ignorar todos los puntos acerca suyo.)
Satisfece tanto, en fin, que salvo personas que hubieran
salteado algunas pàginas, o que salteàndolas todas hubieran
omitido corridamente el volumen, las demàs terminaban
la lectura admirando que un solo autor pudiera ignorar tanto
de otra persona y, tras este éxito, vinieron muchos a
encargarme sus autobiografìas.
Pero no pudieron resignarse a que yo no les oyera dato alguno
de los muchos que habìan acumulado para guiar a biògrafos.
Sin el placer de dar datos de sì, que era lo primero a
que habìa que renunciar en un tan estricto género
biogràfico como el mìo, se retiraron desencantados.
Y sucediò también que personas que querìan
pasar en el mundo como hombres que no habìan leìdo
mi libro, fueron llevadas por la conversaciòn hàbil
de algùn incrédulo de ello, a exhibir tan completa
ignorancia en punto a mi desconocido absoluto, que dejaron comprender
que sòlo podìan haberlo aprendido leyéndome.
Sòlo algùn critico de adviesa intenciòn
hubo que me felicitò por el parecido con que habìa
sacado a mi sujeto en aquellas pàginas. Los fotògrafos
de damas y los biogràfos de desconocidos estamos en
contra de semejante congratulaciòn y nos honramos
con no granjeàrnosla.
* Estas nuevas noticias relativas
al Desconocido que en el libro anterior ya conseguìmos
hacerlo màs ignorado de
como era en su natural, son adiciones parciales casi ociosas
al infinito de su desconocibilidad, que no se prestarà nunca,
en su dignidad, a la vulgar completez de datos de las Biografìas.
Macedonio Fernandez
Papeles del recienvenido - 1929
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