El
arte nuevo - decìa Ortega - es impopular por esencia.
Y no es que las muchedumbres no gusten de él. Sucede en verdad que
no lo entienden.
- Al parecer, los géneros de vanguardia van dirigidos a una minorìa
especialmente dotada. Por eso despiertan irritaciòn en la masa.
Cuando a uno no le gusta una obra, pero lo ha comprendido, se siente superior
a ella y ya no hay motivo de encono. Pero cuando el disgusto que la obra
provoca nace de no haberla entendido, queda uno como humillado, con una
sensaciòn de inferioridad que necesita compensarse con muestras
de indignaciòn.
Hasta aquì Ortega y Gasset. Ya sin su ardua ayuda, podemos sospechar
que muchos artistas aspirantes, habiendo comprendido los argumentos sobredichos,
buscan la imcomprensiòn como si se tratara de un valor estético.
En ciertas circumstancias no es mala idea: muchas veces la desorientaciòn
de los pajarones es señal de que se està recorriendo el camino
correcto.
Sin embargo, buscando alejarse del entendimiento general, hay quienes se
extravìan en los districtos del mamarracho.
No es muy audaz colocar el tango en el molde de estos criterios. Los tangos
nuevos también son impopulares. El pùblico y la critica han
dividido su opiniòn entre una minoria que los acepta y una mayorìa
que los odia. Asì se ha generado una de las polémicas màs
aburridas de la historia del pensamiento humano.
En los años dorados del barrio de Flores, las almas sencillas disfrutaban
los tangos sin anàlisis, sin doctrina y sin militancia. Un joven
escuchaba Sueño querido y se quedaba tan fresco, sin otras cavilaciones
que las que podìa sugerirle la modesta letra.
Después, los Refutadores de Leyendas hallaron que los viejos tangos
perjudicaban la pavimentaciòn general y el funcionamiento de los
motores eléctricos.
- La velocidad de los modernos medios de transporte exige la creaciòn
de tangos adecuados - señalaban.
Ya se sabe que algunos sectores de la poblaciòn - los farmacéuticos,
por ejemplo - son muy sensibles a las alegorias con aviones y carretas,
por eso aceptan con entusiasmo transformar su alma cada vez que se extiende
la red de subterràneos.
En los bailes y teatros, los Refutadores interrumpìan a los cantores
para preguntar qué sentido tenìa llorar el amor perdido en
un mundo en el que existe la licuadora.
Lo extraño del caso es que estas argumentaciones fueron aceptadas
por los artistas tangueros con resignaciòn y vergüenza. Muchos
de ellos procuraron entonces situar sus obras - y hasta sus personas -
a la altura del progreso, con un entusiasmo menos adecuado para el arte
que para la sociedad de fomento.
Sin embargo - como siempre ocurre - el verdadero artista aparece por la
puerta menos prometedora.
Vale la pena que recordemos hoy a Néstor Gómez Re, el transformador
del tango.
En realidad, era un mùsico corriente que vivìa en la calle
Fray Cayetano. Tocaba el bandoneòn con cierto decoro y dirigìa
un modesto sexteto. Tal vez el demasiado trato con estudiantes de derecho,
psicòlogos, operadores de radio y anestesistas acabò por
avergonzarlo de su profesiòn. Cuando los primeros mùsicos
proclamaron la nueva fe transformadora, él se entregò apasionadamente
a ella. Es posible que al principio no comprendiera demasiado: cuentan
que se limitaba a ocultar y disimular el tango que tocaba, con hàbiles
circunloquios musicales. El pùblico inocente recibìa aquellas
creaciones como adivinanzas.
- Es El Esquinazo...!
- No, hombre... Es El Torito!
- Para mì, es Corralera...
Pero con el tiempo, Gòmez Re encontrò su propia forma de
romper con las formas establecidas.
Viendo que casi todos los creadores novedosos competìan en el bizantinismo
de los arreglos musicales, él pensò en la posibilidad de
hacer arreglos en las letras.
No suponga el lector sencillas correciones de los versos menos felices.
La innovaciòn iba mucho màs lejos.
Por empezar, al cantor convencional se le agregaba un coro que comentaba
o glosaba la acciòn central del relato tanguero, siguiendo lìneas
musicales de contrapunto, o aprovechando pasajes, contestaciones, partes
de violìn o meros firuletes caprichosos.
MI
NOCHE TRISTE
Cantor solista: Percanta que me amuraste
Coro: Sin ninguna razòn
Cantor solista: En lo mejor de mi vida
Coro: En plena juventud
Cantor solista: Dejàndome el alma herida y espinas en el corazòn
Coro: Mi pobre corazòn y lo que es màs...
Cantor solista: Sabiendo que te querìa, que vos eras mi alegria
y mi sueño abrasador
Coro: Brasa y abrazo soñador
Cantor solista: Para mì ya no hay consuelo
Coro: No
Cantor solista: Y por eso me encurdelo
Coro: Sì
Cantor solista: Pa’ olvidarme de tu amor
Coro: Sigamos por favor...
A
veces, el propio cantor interpretaba letra y mùsica transformadas,
agregando notas o simplemente cantando las variaciones, como en:
AMURADO
Una
noche màs tristona
que la pena que me embarga en esta triste situaciòn
vì que tomò su bagayito y amurado medejò;
se las tomò sin saludar con la mayor resoluciòn.
No le dije una palabra
ni el màs mìnimo reproche, ni la sombra de una queja;
la miré que se alejaba
y pensé: qué mala suerte, para mì todo acabò.
Muy
pronto, Gòmez Re comprendiò la necesidad de aceptar la
colaboraciò de
un poeta. A falta de otros postulantes, se resignò a trabajar
con Carlos M. Caron, un escritor de Liniers experto en novelas policiales.
De este modo,
nacieron los Tangos de Detectives, expresiòn breve y musicalizada
de la Colecciòn Rastros.
Naturalmente, los misterios propuestos no eran demasiado complejos.
Sin embargo, algunos temas aparentaban cierta dignidad. Quien
matò al pardo Ramirez?
Sangre junto al buzòn, El testigo insobornable y la milonga Chantaje
en Villa Lugano, fueron los màs logrados.
Reproduciremos, seguidamente, algunas lineas de inexplicable eficacia:
Ceba
raro el morocho, observò el cana
cacha siempre la pava con la izquierda...
El asesino zurdo
No
crea que me llevo de chimentos:
la batieron sus huellas digitales
La gringa impìa
La
vida y la cana
se burlan de mì
me acusan de un crimen
que no cometì...
Falsas pruebas
Los
Tangos Infantiles no pasaron del primer intento. Eran tanguitos de
hadas y ogros reos, con princesas encerradas en galponcitos
de la Paternal.
La codicia los llevò màs tarde a componer una serie de Tangos Pornogràficos
como Entre los yuyos, El barbudo y Que nunca
te falte.
Los autores tradicionales del barrio, como Anselmo Graciani,
se oponìan
enconadamente al trabajo de Gòmez Re.
Manuel Mandeb tuvo la mala idea de organizar una mesa redonda
con la presencia de tradicionalistas y renovadores, en
las instalaciones del
club J.M.Bosch
de Villa Excelsior. El tìtulo del debate fue: Que es el tango?
De entrada, nomàs, Ives Castagnino postulò la definiciòn
ostensible.
- El tango es esto - dijo.
Tocò El apache argentino con su guitarra y se fue dando un portazo.
Muy pronto se perfilaron dos criterios opuestos. Uno restringido,
que acotaba el género con rigidas exigencias. Otro amplio, que extendìa el
tango hasta el confin del universo. De este ùltimo sector proviene el “pantanguismo”,
escuela que sostiene que todo es tango, lo que significa al mismo tiempo
que nada lo es.
La discusiòn terminò con la oportuna intervenciòn de la
policia, reparticiòn que tiene ideas propias acerca de la mùsica
popular.
Desde aquella noche, Gòmez Re empezò a interesarse por la discusiones
y a descuidar su vida artistica. La preparaciòn de mortiferos silogismos
le restò tiempo para tocar el bandoneòn. Sus ùltimas actuaciones
consistìan redondamente en conferencias.
A decir verdad, son muchos los que hoy padecen un vicio
semejante. Màs
fàcil es encontrar ensayistas o historiadores tangueros que cantores
o guitarristas.
Ante la defecciòn de Gòmez Re, otros artistas tomaron la
antorcha.
Un grupo de la calle Caracas cambiò primero los instrumentos, luego el
ritmo, màs tarde las letras y, finalmente, el nombre mismo del
tango, al que llamaron rock.
Los profesores universitarios, los sociòlogos y los pisaverdes se declararon
partidarios de Gòmez Re y sus sucesores, y lo nombraban a cada pàrrafo
en sus charlas y peroraciones.
En toda clase de actos pùblicos se anunciaba la muerte de los tangos viejos
y su remplazo por el Neotango Internacional, que arranca làgrimas
a los belgas arruespes.
Confinados en reducidos cenàculos, los Retrògrados del Ayer solicitaban
la prohibiciòn de los tangos posteriores a 1940.
Gòmez Re se retirò para siempre y no volviò a actuar en
pùblico. El ruso Salzman juraba haberlo visto en una cervecerìa
de Los Toldos, tocando sin adornos el tango Milonguita.
Los enfrentamientos polémicos siguen hasta hoy.
Nadie parece haber reparado en algo terrible: el tango
nuevo ya es viejo. Si se trata de juzgar que el arte no
es eterno
y màs aun, que
ni siquiera dura mucho, es necesario confesar que las invenciones renovadoras
son ya lugares
comunes.
Por qué no aparecen nuevos demoledores para hacer probar a los Gòmez
Re su propia medicina?
Las reflexiones iniciales de Ortega son de 1919. Es que
tan luego el arte nuevo, que auspiciaba el desalojo de
las formas
càsicas, pretenderà quedarse
para siempre?
Temo que a las espaldas de los bandos tangueros, las multitudes
se han ido a casa.
La ùnica esperanza està en la apariciòn del artista. Ése
que se presenta por la puerta menos prometedora y, sin doctrina ni explicaciones,
llega al rincòn màs secreto del alma.
Las buenas gentes de estos tiempos deshilachados no pierden
la esperanza.
©
Alejandro Dolina
Cronicas del Angel Gris, 1986