Hombres
y mujeres que se alquilan para bailar toda la noche, departamentos
céntricos decorados por muralistas de La Boca, dj’s
tangueros, casas de familia convertidas en hospedajes, tango electrónico,
tango gay y hasta raids de shopping tanguero. Informal y organizado por
Internet, un nuevo fenómeno invade la ciudad: los tango tours. Y
con él llega un nuevo tipo de turista: el que apenas balbucea el
castellano pero sabe de tango más que casi cualquier porteño
y no está dispuesto a dejar un euro más que el que corresponda.
Madrugada
de lunes. Ezro Bellomo no para de girar por la pista. Veintinueve
años, siciliano, jean ajustadísimo
y rulos divinos como de peluquería: casi una estampa salida
de los inmensos murales fotográficos de Guillermo Monteleone
que engalanan las paredes del Salón Canning. Su abrazo es tan
apretado y guía
a su pareja con un aire tan ensimismado que las mujeres del salón
no se aguantan el disimulo y sueltan los suspiros.
Aunque no siempre tan espléndidos, son decenas los extranjeros
como Bellomo que llegan al país con un solo objetivo: bailar
tango. En los últimos meses el rubro se disparó tanto
que los funcionarios de Ezeiza ya evalúan otorgarle estatuto
propio en los formularios inmigratorios.
Venga
y viva su tangodream con nosotros
En
todas las lenguas posibles, las invitaciones para los “tango tours” navegan por la web
y colonizan el mundo. Inolvidables packs de ocho días y noches para
perfeccionar boleos y ochos, visitar las milongas más escondidas
y volver a casa con el corazón (y los pies) en llamas.
Hay paquetes cerrados o combos amoldables al capricho de la remota
clientela. El servicio comienza no bien el extranjero pone un pie
en el terruño,
incluye hospedaje, clases con los más afamados bailarines y asistencia
guiada a las más míticas milongas porteñas. No falta
el combo gay, petiteras salidas de shopping, “gaucho tours” (con
estancia y asado), visitas al zapatero y hasta el alquiler de un tango-partner,
bailarines profesionales que secundan al recién llegado en el difícil
territorio de las pistas.
En clave informal y al margen de toda regulación oficial, los combos
tangueros ya impactan en la cultura local: distorsionan el mercado inmobiliario
de algunos barrios, despuntan nuevas profesiones –bailarines bilingües
a domicilio, diseñadores de moda temáticos y profesores especializados
en slang y la historia de la canción local–, y desatan disputas
en cada salón, show, restaurante o boutique donde suene el
dos por cuatro.
Con un diáfano futuro por delante, las propuestas gustan combinar
melancolía local, rebusque amistoso y exotismo a la carta.
Pero atención: improvisados abstenerse. Aunque la nueva
estirpe de tango-adictos apenas balbucea el castellano, no suele
ser propensa al engaño. “Ellos
saben exactamente a qué milonga ir, qué días,
con qué profesores estudiar, dónde comer y cuánto
gastar. Hasta saben dónde conseguir los mejores zapatos”,
dice Julio García Elorrio, abogado “atípico” y
bailarín
social que suele parar en la barra del Salón Canning. “Es
un tipo de turista particular: jamás le van a vender una
cena-show a 130 euros en Sr. Tango. Eso es para empresarios jubilados
que vienen
con sus esposas y que se hospedan en el Hilton. Ellos bailan por
7 pesos y a lo sumo se hacen amigos de los bailarines y se hacen
invitar a sus
shows gratis.”
Cuatro
brazos, dos cabezas y one heart
Una de las ventajas del circuito local es que no tiene descanso:
de lunes a lunes y hasta bien entrada la madrugada, la oferta
milonguera incluye
clubes de barrio, sociedades de fomento, reductos incunables
y viviendas particulares. Tango clásico, electrónico y hasta patrióticas
veladas donde locales y foráneos zarandean y zapatean al son de
un pericón.
Aunque hay para todos los gustos, los iniciados recitan el calendario
de “musts” de
memoria: lunes: Salón Canning; martes: Porteño y Bailarín;
miércoles: El Cachafaz o milonga gay en La Salsera; jueves: la exquisitez
clásica de Niño Bien. Los fines de semana, lucha libre al
mejor postor y los domingos: milonga al aire libre y con bufanda. En la
Plaza Dorrego musicaliza el ascendente dj tanguero Pablo Nieto, melómano
y gustoso de intercalar bandoneones con tandas de Bach y Nick Cave. En
La Glorieta, en lo alto de las Barrancas de Belgrano, el vértigo
de los ocho pasos arranca a las seis de la tarde y sigue hasta la madrugada
en abrazos cerrados para campear el frío. Revistas como El tangauta
y BA Tango y sitios como let’sgotango.com o todotango.com publicitan
los tips más secretos hasta en cinco idiomas. ¿Souvenirs?:
nunca más un mate, un alfajor o una boleadora. No hay foráneo
que se vaya sin llevarse el dvd de su show preferido, la foto con su bailarín
fetiche o al menos una media calada (en lo posible ofrendada).
Los organizadores de los “tango tours” tienen trayectorias
disímiles y hasta opuestas: los hay locales y míticos habitués
de la noche porteña, y también rozagantes extranjeros que
capitalizaron su know how y armaron un catálogo propio de manías.
La clave del negocio parece ser no dejar botón sin abrochar. El
enigmático Charles –un inglés negro, dos metros de
altura, que odia la publicidad pero se hace llamar “Carlitos Gardel”– ha
devenido en el gran gurú de los viajes a medida: el zorzal inglés
ofrece en www.argentinatango.com siete opciones distintas de hospedaje,
se especializa en tours gays y en cuestión de detalles se extiende
hasta peluquería y personal fitness bilingüe a 20 pesos la
hora. Cosmopolita a muerte, regala coordenadas de clases y milongas en
Corea, Australia y Lituania y un catálogo de dancers para
encontrar partenaires en cualquier lugar del mundo. Reservas y pagos
se concretan
estrictamente on line y entusiastas testimonios internacionales avalan
la calidad del servicio.
“
Frente a un mundo tan virtual y massmediático, el abrazo y la proximidad
de los cuerpos que propone el tango son hasta contraculturales”,
asegura Omar Viola, fundador del mítico Parakultural de los ‘80
y uno de los que desde hace 12 años no deja de animar el circuito
milonguero con performers y electrónica en el Salón Canning
o La Catedral, un secreto a voces que campea en Almagro y que espera su
pronta reapertura. Ahora unió fuerzas con los bailarines Natalia
Games y Gabriel Angió (creadores del tango hip-hop), el joven cantor
Pablo Banchero (organizador de la milonga de La Nacional) para idear la “Buenos
Aires Tango Week”, un combo personalizado que ofrece una semana entera
de clases, cortos tangueros en pantalla gigante, técnicas de relajación,
rondas de mate y asado despedida. En las cuatro semanas programadas de
acá a diciembre hay mayoría de ingleses, franceses y alemanes. “Pero
queremos que un señor tailandés encuentre la invitación
en la web y le diga a su mujer ¿Qué te parece si nos vamos
una semana a bailar a Buenos Aires?”, dice. Y, a juzgar por la multiplicación
de inscriptos, la opción vietnamita no suena descabellada.
Además, entre el 9 y el 16 de octubre se hará el “IV
World Tango Festival”, dedicado a Osvaldo Pugliese y promocionado
como la “Fiesta del tango más importante del mundo”.
El programa incluye 7 días y 7 noches a puro tango, participantes
de 40 países, 15 parejas de baile y 6 orquestas porteñas
en vivo. Los combos se cotizan entre 332 y 1162 euros. Y los
que se inscriban antes del 15 de julio gozarán de un 25
por ciento de descuento.
Taxi-dancers
Jerárquica como pocas, el tango es una institución reglada.
Si todo iniciado sabe que el baile genera adicción, que en la pista
no gana la más linda sino la que mejor baila y que cualquiera puede
ser devuelto a su mesa sin siquiera esperar a la tanda, una pesadilla que
comparten todos es el horror de planchar toda la noche. Por eso un servicio
que nunca falta, en especial para los extranjeros, es el de los “taxi-dancers”. “Te
pagan la entrada, la consumición y tenés que bailar toda
la noche sólo con ellas. Suelen ser mujeres europeas que si se sientan
en la milonga no las saca nadie”, cuenta Ariel “Rulo” Prilick,
organizador de la milonga El Cachafaz, legendario bailarín e iniciador
en el paso básico de Antonio Cafiero en sus épocas
de embajador.
En un tono algo más amable, una página web instruye al foráneo
sobre las ventajas del tango-partner: “Ud. tendrá alguien
que lo presente ante los buenos bailarines, que lo acompañe y que
baile con Ud. en las milongas. Los milongueros/as estarán gustosos
de invitarlo a bailar una vez que lo hayan visto pisando suavemente la
pista”. Pero la decisión puede no ser sencilla. Hay tango-partners
de dos tipos: el primero acompaña a la milonga, será el primero
en sacarlo a bailar y correrá presuroso a invitarlo nuevamente si
lo ve pucherear en la mesa. Los honorarios son de 20 pesos la hora y se
puede contratar por un mínimo de tres. La noche completa, 70 pesos.
La segunda opción es más completa: “El (o ella) estará siempre
al lado suyo, charlará con Ud. y bailará cuando a Ud. se
le ocurra”. Una diferencia cualitativa y comparativamente no
tan onerosa: 40 pesos la hora y 100 para redondear en la noche completa.
En www.thetangodancers.com.ar, la “página oficial” de
los taxi-dancers, se publica el currículum de cada uno
y se anuncia la pronta partida del cuerpo estable al festival “USTC
Tango Fantasy-Miami USA”. Los tango-partners suelen merodear
las pistas en los días
convenidos. Pero para mayor discreción también
se los puede contactar por mail, beeper o celular. Ah, también
hay una oportuna galería de fotos.
Bailando
en el living
Aunque las ofertas de hospedaje para extranjeros son múltiples –desde
hoteles de máxima categoría a departamentos a compartir,
hostels, bed and breakfast– un rubro en alza es único en su
género: Tango Guest Houses. Ubicadas en San Telmo, Barrio Norte,
Palermo o Recoleta, señoriales o modestas, ofrecen albergue a bailarines
llegados de lejos; cruza de hospedaje y academia, son una alternativa amistosa
a la sobria frialdad de los hoteles y resultan ámbitos ideales para
encontrar partenaires de todo tipo. Muchas se promocionan de manera autónoma
(el arbolado caseronporteno.com o la señorial defensa1111.com),
reciben orquestas en vivo y suelen tener pistas de baile montadas en el
medio del living. Una hermosa Tango Guest House de Palermo ofrece habitación
privada con baño a compartir, desayuno continental, conexión
Internet y video a sólo 17 pesos la noche. Y por 15 pesos se puede
rentar una “habitación privada en una casa familiar en Recoleta
con jardín interior y parque privado, donde cada uno tiene su espacio
y también se puede alternar con la dueña, su hija adolescente,
y sus pequeñas mascotas: un gato y un perro”.
Atención: si el lector es propietario de un departamento en Barrio
Norte, Belgrano, Centro, Palermo, Puerto Madero, Recoleta y San Telmo (cualquier
otro barrio, abstenerse), el apego a sus muebles no le impide compartir
y cuenta con alguien que lo albergue por una temporada, no lo dude: entre
en www.argentinatango.com, postule su casita y haga negocio. La cotización
es en euros.
Otra unidad de trabajo en ascenso son los dj tangueros. Los
foráneos
llegan especialmente para escucharlos, saben de memoria sus
compilaciones y se ofuscan si falta algún hit de Di
Sarli o D’Arienzo. Uno
de los más cotizados es Damián Boggio (www.tangodj.com.ar),
de gira por Hamburgo y animador del Parakultural, La Morocha
y La Nacional.
A
aprovechar... mientras dure
“¿
Por qué venir a Buenos Aires entre mayo y septiembre?” La
tentación en argentinatango.com obliga a clickear y he aquí las
respuestas:
* Aprovechar la ventaja del cambio mientras dure.
* No hace tanto frío como Ud. se imagina (en mayúsculas).
* Las milongas no están abarrotadas.
* Podrá bailar con argentinos porque hay pocos extranjeros a
la vista.
* Las milongas no son tan sofocantes ni húmedas como en verano.
* Ahorrará fortunas en el pasaje aéreo porque es temporada
baja.
* Es la época ideal para combinar el tango con el esquí o
el snowboard y a mitad de precio que en su país
de origen.
Uno
de los que no esperó es Ken Joachim,
un californiano que ronda los cuarenta y que llegó a
Buenos Aires para aprender a bailar tango en secreto y
sorprender a su novio John, bailarín profesional
y dueño de una academia de danza de salón
en California. Ken no perdió el tiempo: contrató los
servicios de una bailarina profesional (la encantadora
y bilingüe Mariana García Hervás),
tomó dos horas de clase por día y aunque
no logró transformarse
en un as de la pista, le tomó el gustito al asunto
y decidió organizar
sus propios combos.
Para noviembre espera la llegada de 48 compatriotas de
entre 30 y 80 años
que recibirá con un cronograma ajustadísimo: clases de tango
de rigor en hotel de lujo y a cargo de su bailarina preferida, excursiones
al Tigre, gaucho tour, paseos por San Telmo y Recoleta y cenas en su parrillita
de cabecera. “Voy a mostrarles todo lo que a mí me enamoró de
Buenos Aires”, cuenta mientras seña una cena-show en la clásica
Esquina Carlos Gardel a 120 pesos el cubierto.
Ken no descansa: quiere dejar a punto las reformas que
realizó en
los dos departamentos que adquirió en su última
visita: una antigüedad en la esquina de Reconquista
y Tucumán y un loft
en Moreno y Rincón para esperar la reapertura
del Café de
los Angelitos. Para la decoración del primero
no dudó un
segundo: lo quiso igual a su adorado Caminito. Contrató artistas
de La Boca y hizo pintar murales de bailarines, compró muebles
y obras originales (desde los faroles hasta los ceniceros)
y llenó todo
de muchos pero muchos colores brillantes. A su auténtico
palacete temático le sumó todo el confort
de la nueva tecnología
y pronto estará listo para ser alquilado. “Sólo
se necesita empacar las valijas y venirse a pasar una
temporada a Buenos Aires”,
dice con orgullo.
Sueltos
pero advertidos
Aunque los packs tangueros hacen furor también hay temerarios que
llegan “sueltos” y se lanzan a las pistas en busca de acompañantes.
A los más jóvenes se los puede ver en La Divina en largas
veladas donde se mezclan clases, intervenciones, performance y terminan
todos bailando una zarzuela que viene programada por un dj tras la computadora.
Los eclécticos domingos de La Viruta también reúnen
una fauna atípica: tangueros de larga estirpe, profesores luciéndose
a deshoras y hasta doctorados en Física en recreo. Las tandas de
Nacotango o Bajofondo invitan al canyengue electrónico al más
anciano y no hacen vacilar los infinitos tacos de una oriental que parece
salida de una película de Won Kar Wai. Por allí también
andan Tamara Faille y Félix Eichbdrg: ella chilena, chef y maquilladora
y recién iniciada en los ocho pasos; alemán él y con
tres años de tango aprendidos en Leipzig, su ciudad natal, y en
manos de auténticos profesores argentinos. Los dos de espléndidos
21 años y en rigurosas zapatillas. “Una amiga vino a BA a
bailar tango y yo llegué sólo por eso. Nunca antes había
tenido como objetivo conocer Argentina. Cuando les conté a mis padres
se sorprendieron muchísimo. Son apasionados del tango desde siempre
y mi papá conoció a su segunda mujer en una pista”,
cuenta Félix en un castellano perfecto.
Vive en una casa en San Telmo que alquila un grupo
de alemanes dedicados al trabajo voluntario en villas
y
también solidario con todo extranjero
que ande suelto por la zona. Allí aterrizó también
Tamara la noche anterior. “Nunca había bailado. Pero él
puso un disco de Piazzolla, me enseñó los ocho pasos y nos
vinimos”, dice y vuelve a la pista para el último tango de
Félix en Buenos Aires, porque en pocos días parte a
Brasil en bicicleta.
En la mesa de Canning, Ezro (el italiano de los rulos
divinos) está exultante:
acaba de bailar con la profesora rubia y cincuentona que lo obsesionaba
desde que llegó hace dos meses y medio. “Aprendí a
bailar tango en París. Estudiaba Literatura Italiana en la Sorbona
pero un amigo me ofreció las llaves de un departamento en Buenos
Aires y me vine”, dice en italiano perfecto.
©
Cecilia Sosa
Pagina 12, april 2005